
No ha sido un último mes demasiado bueno para Tecmo. Tras el anuncio de que Tomonobu Itagaki, el creador de Ninja Gaiden y de Dead or Alive dejaba la compañía, se han producido en nuestro país dos lanzamientos de sus juegos que dejan claro el empeño que el genio pone en sus obras. Desgraciadamente Ninja Gaiden 2 para Xbox 360 y Ninja Gaiden Dragon Sword para Nintendo DS son las últimas creaciones del ya disuelto Team Ninja y el segundo supone la última aparición de Ryu Hayabusa (al menos en España) como el ninja que revolucionó el género de los beat’em’up en consolas.
Sin piedad
La adaptación del estilo de juego característico de los Ninja Gaiden se ha resuelto francamente bien, algo que no deja de ser sorprendente. De lo que se trata en este juego es de acabar con todo bicho viviente que se interponga por nuestro camino, pero se ha dejado de lado el control tradicional y los combos para dar paso a uno directo e intuitivo que ya forma parte de la mayoría de títulos del catálogo de la doble pantalla de Nintendo.
Sujetamos la consola como si de un libro se tratase, con la pantalla táctil a la derecha, o a la izquierda si somos zurdos y en la otra se nos muestra un mapa del lugar en el que nos encotramos. En este caso es el stylus el que marca todos los movimientos del protagonista, tanto en combate como a la hora de desplazarse, y resulta bastante cómodo.

Tenemos la espada en nuestras manos, pero el sistema tiene sus inconvenientes, ya que es posible que delante de la marea de seres deformes y monstruos indescriptibles que nos acechan empecemos a frotar la pantalla sin saber muy bien qué hacemos y quedemos sorprendidos al ver que realmente sí hemos hecho algo. No sabemos qué, pero estamos a salvo. Son casos puntuales ya que en general y sobretodo en los jefes finales el control exige un dominio, por lo que a un nivel global la respuesta de éste es buena.
Tocando a un enemigo que se encuentre a lo lejos Ryu lanzará shurikens, flechas o saetas de fuego de forma efectiva, tan rápido como lo sea nuestra mano. Con un trazo hacia arriba el protagonista saltará, y si entonces dibujamos una línea descendente realizará una acometida vertical, o según el lado en el que hayamos dibujado. Lo mismo para los ataques laterales, aunque son las combinaciones de movimientos lo que aporta ataques más potentes y la espectacularidad necesaria.
Los botones pasan a un protagonismo secundario y en vez de memorizar sus combinaciones son los trazos con el palito los que encadenan los ataques de una forma mucho más intuitiva y por lo tanto accesible. En efecto tanto la cruceta como los demás botones cumplen una misma función: cubrirnos con la espada de Ryu para evitar que la acometida enemiga le dañe.
Se consigue una inmersión curiosa, ya que sentimos como si portaramos la katana del protagonista, y esto junto a la precisión y la rápida respuesta consiguen que se disfrute. No obstante defendernos de los enemigos es algo un tanto confuso, podemos llegar a tapar la pantalla y en definitiva no resulta todo lo cómodo que debería ser. Acabaremos usando los botones L y R para llevar a cabo el movimiento, ya que se accede a ellos más rápidamente.
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